Matías Raby C.

En verdad el título debería ser “mi hijo leyó su primer logo sin influencias directas de su familia y amigos”, pero sonaba mejor así.

Soy un chochísimo papá de 2 chicos, de 4 y 3 años. Uno de los aspectos más fascinantes de ser papá, es ver cómo estas personas, que llegan al mundo con el disco duro vacío, van entendiendo como funciona. Ese método científico de observación, hipótesis, experimentación, con los que los niños nacen, y que en gran parte vamos perdiendo a medida que crecemos.

Yo trato de hacer lo posible por aprender de ellos (a nivel personal y profesional). De la inocencia con la que van entendiendo este mundo que nosotros hace rato damos por sentado y cómo se las arreglan para hacer que las cosas funcionen sin que se las expliquen. Si eso no es la base de la experiencia de usuario (UX), no sé qué es.

Buena, ahora la razón por la que escribo esto. Para contextualizar: mi hijo mayor tiene 4 años y va en pre-kinder. No sabe leer ni escribir. Desde el año pasado reconoce los números y este año ya ha aprendido un par de letras sueltas. Principalmente las de su nombre.

Si hay algo que los humanos entendemos sin necesariamente saber leer son los símbolos. Obviamente no los entendemos por lógica propia, si no por lo que aprendemos de nuestro contexto social. Mi hijo reconoce un signo “PARE”, sabe qué es lo que significa y que es lo mismo que un signo “STOP”. No por lo que dice, si no por el octágono rojo con letras blancas. Porque le explicamos qué es cuando juega con sus autos, y luego lo ve en la calle.

Mi hijo reconoce un par de logos, porque están asociados a lo que hacemos. Por ejemplo: mi cuñado trabaja para John Deere, por lo que siempre han habido tractores verdes de juguete en mi casa. No es raro que mi hijo vea el logo de John Deere y lo reconozca. También escucha harto la palabra “logo”, ya que ambos papás somos diseñadores.

Ayer, sin embargo, leyó su primer logo por su cuenta. Mi señora tenía una polera de running que había sido auspiciada por VTR. Él la vio y dijo “la mamá tiene una polera de VTR”, apuntando al logo. Plop. ¿De dónde aprendió eso? Solo me queda asumir que de comerciales de televisión. Ya que es el único caso en que puede ver el logo y asociarlo al sonido “ve-te-erre”.

Lo importante es que ese logo cumplió con uno de los requisitos básicos de un buen logo: el ser reconocible. No es una mala prueba para cualquiera de nosotros como diseñadores y/o encargados de branding. Si un niño de cuatro años reconoce tu logo (sin ser un logo de juguetes, dulces, o algo que le pueda interesar especialmente), la pega está bien hecha.

El único problema, es que remató con “¿Por qué el logo de VTR es un chupete?”. De ahora en adelante, no veré otra cosa.

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